La violencia de la moda permanece, en gran medida, invisible.
Aunque afecta cotidianamente a millones de personas, comunidades y territorios, rara vez ocupa un lugar central en los análisis sobre la industria de la moda. Con frecuencia, sus manifestaciones son tratadas como hechos aislados, accidentes, irregularidades o incumplimientos puntuales, en lugar de ser comprendidas como expresiones de dinámicas estructurales que atraviesan las cadenas globales de producción, distribución, consumo y descarte. Esta invisibilidad dificulta reconocer la magnitud, complejidad e interconexión de las distintas formas de violencia presentes en el sistema de la moda y limita la capacidad de la sociedad, las instituciones y los propios actores del sector para prevenirlas, enfrentarlas y transformarlas.
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